Odio a los humanos.
Me di cuenta de algo y no es la primera vez que lo veo así (Son las seis de la tarde de un día cualquiera, de uno mas en el camino que no lleva a ningún sitio), Me di cuenta que odio a las personas, a los seres que andan por ahí pretendiendo ser, destruyendo, mintiendo, acosando, robando, violando, intimidando, maltratando, escupiendo, rezando, orando, hablando de Dios. Los odio, me dan asco, repugnancia, cuando los escucho hablar una especie de vértigo alevoso se apodera de mi, haciendo que mire cosas que no quiero ver, me hace decir cosas que no conjugan las palabras, e incluso brotan de mi boca palabras que nunca había escuchado, que ni siquiera comprendo y que no se si después de muerto comprenderé.
Veo al que barre en la calle, con su joroba, con el peso de los años en la espalda, ¿con quien quejarse?, ¿en contra de quien quisiera él arremeter?, ¿sus padres?, ¿el gobierno por no darle una oportunidad de mejor empleo?, ¿la sociedad?, ¿la religión por hacerle creer que el sacrificio es la única opción? Creo que todos, y sin embargo no los odia, no lo ve, lo tienen ciego, lo entretienen, nunca a leído un libro, carece el hombre de ideología, cree tener una religión, se entretiene con las telenovelas en la noche y quisiera hacerle el amor a cualquiera de las chavitas que pasan por donde el trabaja, pero ni eso puede el pobre infeliz, solo son utopías, sueños, fantasías. Quisiera matarlo, ¿Quién lo notaria? Nadie, no creo que a ese despojo lo este esperando un amor romántico, con esa fuerza, o al menos no creo que él esté esperando que llegue la noche para leerle algún poema de chumacero a su miserable mujer, no lo creo, pero tampoco creo que merezca morir este día.
Sigo andando por las calles que nunca olvidaré, al menos eso le digo a mi mente, para que se lo crea, para que se tranquilice.
“Un café americano” dice la niña, y es niña lo se, por que detrás del maquillaje abrumador se esconde aun una puberta, con su olor aun a seno materno, con sus dientes de leche que no se le han caído aun para que broten los nuevos, la niña recurre a papi aun para que le de permiso de salir a esta maraña de contrariedades que llamamos ciudad “voy con mis amigas” “solo un rato” “andale” “traigo el cel”, el ruego rutinario y la respuesta rutinaria del padre, “esta bien, pero no te tardes”. Ya se cree grande ya quiere experimentar, mariguana y tequila ayudan, ¿catorce?, ¿quince?, no se cuantos años tenga, el maquillaje suele engañar, pero el olor no. Perfectamente combinada esta la pequeña dama, de amarillo con verde, bolsa de mano, zapatos, jeans, blusa de Sarah Bustani color verde, aretes baratos que dan el gataso y en el cerebro una libra de conocimiento, perfecto.
La veo pero no es ella a la que busco, no merece morir tan pronto, es mujer, y tiene que vivir hasta donde la especie pretenda. Son las seis cuarenta y siete de la misma tarde y quiero explotar, miró a todas partes y comienzo a odiar mas, quisiera ser el dueño del planeta o de la ciudad para poder destruir a todos sus habitantes, por un segundo solo quedo yo, solo mirando al cielo, pidiendo algo, buscando algo, las nubes no contestan, pero si me dan su consentimiento para seguir. El sol ha muerto me dice el rojo carmesí del atardecer, alguien lo asesinó y dejó derramar su sangre por todo el azul.
Juega en el parque frente a mi, sin saber nada mas, sin importarle nada mas, si la guerra contra el narcotráfico, si el sida y las muertes que arrastra, si el gobierno no es capas de gobernar, que si el estado de derecho es solo un par de palabras mal conjugadas, que si la casa donde vive es de Infonavit y la constructora la dejó mal terminada, que importa si juega y se esta divirtiendo. El viento lo mira y lo toca, el ojo humano pretende que sea alguien, la sociedad lo espera frotándose las manos para convertirlo, para cazarlo, para que dejé sus anhelos en la basura y se convierta en un decente consumidor frente a la televisión. “no te preocupes le dicen en la escuela” “te dejaremos un mundo mejor” “el mañana son ustedes”. ¿Cual mañana me pregunto? Si ni siquiera hay “hoy”, hemos muerto como especie, a los animales (como si no fuéramos nosotros también animales) deberíamos dejarles el mundo, y es por eso que hoy me voy a deshacer de un humano, para cooperar con mi planeta, para librarlo de un minúsculo dolor de cabeza.
Siete de la tarde con dos minutos, el tren se deja ver por el horizonte, la tierra tiembla y la noche se presenta, el viento es frío y lo que antes fue un pequeño ruido ahora es un zumbido en los oídos, alguien estará feliz mañana, alguien llorara. La libertad absoluta, un humano menos para odiar, me arrojo.
Me di cuenta de algo y no es la primera vez que lo veo así (Son las seis de la tarde de un día cualquiera, de uno mas en el camino que no lleva a ningún sitio), Me di cuenta que odio a las personas, a los seres que andan por ahí pretendiendo ser, destruyendo, mintiendo, acosando, robando, violando, intimidando, maltratando, escupiendo, rezando, orando, hablando de Dios. Los odio, me dan asco, repugnancia, cuando los escucho hablar una especie de vértigo alevoso se apodera de mi, haciendo que mire cosas que no quiero ver, me hace decir cosas que no conjugan las palabras, e incluso brotan de mi boca palabras que nunca había escuchado, que ni siquiera comprendo y que no se si después de muerto comprenderé.
Veo al que barre en la calle, con su joroba, con el peso de los años en la espalda, ¿con quien quejarse?, ¿en contra de quien quisiera él arremeter?, ¿sus padres?, ¿el gobierno por no darle una oportunidad de mejor empleo?, ¿la sociedad?, ¿la religión por hacerle creer que el sacrificio es la única opción? Creo que todos, y sin embargo no los odia, no lo ve, lo tienen ciego, lo entretienen, nunca a leído un libro, carece el hombre de ideología, cree tener una religión, se entretiene con las telenovelas en la noche y quisiera hacerle el amor a cualquiera de las chavitas que pasan por donde el trabaja, pero ni eso puede el pobre infeliz, solo son utopías, sueños, fantasías. Quisiera matarlo, ¿Quién lo notaria? Nadie, no creo que a ese despojo lo este esperando un amor romántico, con esa fuerza, o al menos no creo que él esté esperando que llegue la noche para leerle algún poema de chumacero a su miserable mujer, no lo creo, pero tampoco creo que merezca morir este día.
Sigo andando por las calles que nunca olvidaré, al menos eso le digo a mi mente, para que se lo crea, para que se tranquilice.
“Un café americano” dice la niña, y es niña lo se, por que detrás del maquillaje abrumador se esconde aun una puberta, con su olor aun a seno materno, con sus dientes de leche que no se le han caído aun para que broten los nuevos, la niña recurre a papi aun para que le de permiso de salir a esta maraña de contrariedades que llamamos ciudad “voy con mis amigas” “solo un rato” “andale” “traigo el cel”, el ruego rutinario y la respuesta rutinaria del padre, “esta bien, pero no te tardes”. Ya se cree grande ya quiere experimentar, mariguana y tequila ayudan, ¿catorce?, ¿quince?, no se cuantos años tenga, el maquillaje suele engañar, pero el olor no. Perfectamente combinada esta la pequeña dama, de amarillo con verde, bolsa de mano, zapatos, jeans, blusa de Sarah Bustani color verde, aretes baratos que dan el gataso y en el cerebro una libra de conocimiento, perfecto.
La veo pero no es ella a la que busco, no merece morir tan pronto, es mujer, y tiene que vivir hasta donde la especie pretenda. Son las seis cuarenta y siete de la misma tarde y quiero explotar, miró a todas partes y comienzo a odiar mas, quisiera ser el dueño del planeta o de la ciudad para poder destruir a todos sus habitantes, por un segundo solo quedo yo, solo mirando al cielo, pidiendo algo, buscando algo, las nubes no contestan, pero si me dan su consentimiento para seguir. El sol ha muerto me dice el rojo carmesí del atardecer, alguien lo asesinó y dejó derramar su sangre por todo el azul.
Juega en el parque frente a mi, sin saber nada mas, sin importarle nada mas, si la guerra contra el narcotráfico, si el sida y las muertes que arrastra, si el gobierno no es capas de gobernar, que si el estado de derecho es solo un par de palabras mal conjugadas, que si la casa donde vive es de Infonavit y la constructora la dejó mal terminada, que importa si juega y se esta divirtiendo. El viento lo mira y lo toca, el ojo humano pretende que sea alguien, la sociedad lo espera frotándose las manos para convertirlo, para cazarlo, para que dejé sus anhelos en la basura y se convierta en un decente consumidor frente a la televisión. “no te preocupes le dicen en la escuela” “te dejaremos un mundo mejor” “el mañana son ustedes”. ¿Cual mañana me pregunto? Si ni siquiera hay “hoy”, hemos muerto como especie, a los animales (como si no fuéramos nosotros también animales) deberíamos dejarles el mundo, y es por eso que hoy me voy a deshacer de un humano, para cooperar con mi planeta, para librarlo de un minúsculo dolor de cabeza.
Siete de la tarde con dos minutos, el tren se deja ver por el horizonte, la tierra tiembla y la noche se presenta, el viento es frío y lo que antes fue un pequeño ruido ahora es un zumbido en los oídos, alguien estará feliz mañana, alguien llorara. La libertad absoluta, un humano menos para odiar, me arrojo.
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