viernes, 12 de septiembre de 2008

Suciedad mexicana.



En un país donde se habla mucho pero se dice poco, donde la demagogia de la clase política toma matices muy particulares según la idiosincrasia, donde los medios de comunicación (en toda su gama) practican intereses particulares que hacen la regla en el debate nacional. En ese lugar donde para la mayoría vivir con el mínimo es la verdadera ideología, la verdadera constante, la verdadera patria, el verdadero nacionalismo que nada tiene que ver con las imágenes de Hidalgo en palacio municipal y mucho menos en las coloridas estampitas de papelería que mitifican de forma tan plástica a los héroes de la independencia o de la revolución.

México parece ser un país de idiotas que solo hablan, hablan y hablan, en donde los partidos políticos se adueñan de una constitución llevada tal vez inocentemente por ellos a la anarquía, con exceso de leyes reglamentarias que solo sirven para confundir mas a un pueblo ignorante, carente de todo raciocinio como nación democrática, manipulado por los libros de texto, por las telenovelas o por los comentarios de maestros igual (¡o peor!) de ignorantes.

Hundidos en esa psicología colectiva llena de mediocridad, consentida por un sistema que educó a nuestros padres por medio de películas de Pedro infante donde ser rico era sinónimo de maldad, o películas de Cantinflas donde ser pobre y carente de educación es mas que motivo de felicidad, ahí donde solo el rico se podía quedar con la chica guapa y donde el trabajo mas bajo era motivo de un romántico conformismo. Un país que nos prohibió a soñar con la clásica frase “a que le tiras cuando sueñas mexicano” o el resignado “aquí nos tocó vivir” como si por haber nacido en medio de toda esta maraña que llamamos nación tengamos que seguir resignados y sin hacer nada al respecto, esperando a que la virgen de Guadalupe o la santa iglesia católica con su intermediación nos salve, o por lo menos nos de un poquito mas de fe y esperanza. Por que de esperanza vivimos los mexicanos, si, de esperanza a que llegue alguien y nos salve, esperanza en cada sexenio, en cada mundial de futbol…. en cada uno de esos hombres de corbata que prometen y al final sabemos no harán nada. No se por que, pero el mexicano siempre espera un avatar, un mesías, un salvador, tal vez un Quetzlcoatl que al final solo terminara siendo otro Cortes en busca de oro en esta nación que aguanta lo que sea como dice la voz popular.

Si ser chaparrito y moreno ya es una carga en una sociedad cruel que se emociona e idealiza con las revistas de las mas exclusivas sociedades europeas, ¿en donde quedara ser indígena? en esta sociedad mexicana que es mas racista de lo que parece admitir, en donde un apellido lo dice todo, en donde ser pobre es sinónimo de naco, o al revés, ser rico es sinónimo de fresa, de rata, de abusador, de opresor, en una nacion donde se glorifican las conductas de los hijos de politicos corruptos, en una nación donde como te ven te tratan, en donde los prejuicios están al alcance de todos, en donde usar traje a veces es imagen de distinción y de buena persona, o si tener un tatuaje es motivo de la mas baja sospecha..
Tal parece que aun no nos quitamos el yugo inconciente de España, algunos siguen llamándola “la madre patria”, eso no es problema, el problema es que nadie se enorgullece de llamar con tanto orgullo al pasado indígena de esta nación, tal parecería que decir indígena es un insulto, por que eso si, hay que hacer la aclaración, que la manera en que se dirijan hacia ti como “indígena” o es insulto o es un comentario que lleva tintes racistas… "pinche indio", "pinche maria"...
La situación es que el indio aun anda por ahí con esa espalda corva, con el peso de los trescientos años acuestas, con la mirada rencorosa y el puño esperando golpear a alguien, a ese alguien invisible trasfigurado en el mestizo de hoy, el cual también lleva dentro de él lo que el indio mas odia de si mismo, la sumisión. Sumisión que queda de manifiesto con frases como “fulanito de tal…pa` servirle a dios y a usted”, “a sus ordenes” “¿pa` que soy bueno?”, el mestizo cree ciegamente que ya dejó sus grilletes atrás, cuando se fueron (cosa que no creo, pues se quedaron dentro de el) los españoles en 1821, pero no señores, aun cargamos con estigmas que de no conocerlos, aceptarlos y eliminarlos primero, jamás pasaremos a ser una patria de éxito.

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