lunes, 20 de octubre de 2008

El sueño de Zion.


Tiempo después de haberse cumplido los primeros cien años del descubrimiento de la cura del VIH, la humanidad estaba al borde de sufrir otra epidemia de consecuencias catastróficas. El despertador proyector marcaba 9:30 A.m. y el doctor Yoseph Yaakov despertaba en medio del barullo en la calle, salió de su habitación a ver que pasaba, solo vestido con una bata y pantuflas el hombre decidió mirar mas allá del patio del hotel, era su segundo día en Kingston, y la capital de jamaica se encontraba en medio de una lucha sindical, en el cual todos los gremios se habían unido en pos de una equidad salarial en el país. “streggae” “streggae” “streggae” le gritaba la turba organizada al presidente Leroy Clayton, culpable este según ellos de haberse prostituido ante los empresarios de capital extranjero, de esta forma reduciendo los salarios de los trabajadores de pequeñas empresas que no eran capaces de competir con las grandes transnacionales. El doctor yaakov había sido contratado meses atrás para dar seguimiento al virus experimental que él había desarrollado en los laboratorios de la farmacéutica para la cual trabajaba él en Jerusalén, y que por ende algunos colegas suyos habían puesto en fase inicial cuatro mese antes sobre la población obrera de la capital de Kingston. El problema es que no habían previsto que se desarrollaría de forma tan rápida, los motivos políticos solo ponían como objetivo principal al líder sindical Osmond Kerryann, cuya influencia política en el país caribeño era un problema para los inversionistas extranjeros que controlaban a Clayton y a sus partidarios.

Yaakov salió corriendo hacia su habitación mientras una turba enardecida entraba al hotel por el patio hacia los cuartos, donde los que se hospedaban en su mayoría eran turistas o trabajadores de empresas extranjeras. Yaakov cerró con llave y se vistió de inmediato, escuchaba los ruidos y gritos que através de las paredes se escurrían de manera tenebrosa, los nervios comenzaron a consumirle, los disparos, el miedo, los gritos de distintas lenguas que pedían clemencia. Como los chillidos de los cerdos.

…estaba el corral preparado, lo cerdos aun estaba comiendo los desperdicios que él les había traído de la casa de su suegra, Yisroel el joven estudiante de neurología y ayudante del doctor Yaacov preparaba todo para el experimento, los cerdos tranquilos tragaban, no presentaban aun ningún grado de agresividad, al contrario, los dóciles animales se limitaban a consumir en un estado de quietud absoluta. El doctor dio la señal a su joven aprendiz, este con paciente laborar comenzó a inyectar a los cerdos con la sustancia aquella, los porcinos continuaron comportandose igual, intranquilizando esto al doctor, pues los patrocinadores del proyecto estaban desde semanas atrás presionándolo para que todo saliera lo mas rápido posible. En desanimo total el doctor decidió irse a su casa en ese momento, ya se quitaba la bata y los guantes cuando de pronto: vio como los cerdos comenzaron lastimosamente a chillar, alocados comenzaron a correr por doquier, el corral aquel les parecía insuficiente para desbocarse. Yisroel se puso nervioso y comenzó a sudar, los cerdos chillaban, el doctor dispuso a ver la escena através del cristal.

Lentamente los regordetes animales comenzaron agredirse, acababan de comer, no entendía el por que de la agresión el doctor, se suponía que no tenían hambre. El nuevo virus atacaba el sistema nervioso de las criaturas, provocando que su ansiedad fuera cada vez más alta, hasta el punto en que unos a otros comenzaron a querer comerse, como no tenían a donde ir, esta fue la reacción en estos. Crueles chillidos de agonía se escuchaban por todo el laboratorio, la escena aquella era de magnitudes de crueldad inimaginable, Yisroel vomitaba y temblaba de nervios, estaba tocado por las imágenes el joven neurólogo, y el doctor en un acto de misericordia decidió acabar con la agonía de los animales, así que con choques eléctricos en el corazón les dio muerte… Así nacía el temible virus que mas tarde sería conocido como “sueño de Zion”, la raza humana estaba ya sentenciada.

Yaacov pedía clemencia al desenfrenado hombre que le apuntaba con la pistola en la cabeza, le rogaba por su vida, pero este no entendía sus palabras, y de haberlo hecho tal vez hubiese hecho caso omiso. El virus alteró a los seres humanos de manera en que sus decisiones no eran ya controladas por su conciente y como seres que sonámbulos andaban haciendo lo que su sistema nervioso alterado les indicaba, todo libre albedrío se había perdido en ellos, así que por mas que el doctor Yoseph les rogara clemencia a sus verdugos, estos no harían caso . Los cerdos chillaban y el recuerdo en la mente del doctor, los cerdos comiéndose entre ellos, devorándose, carentes de toda voluntad, de toda compasión, seres con fuego en los ojos, cuya única gracia radicaba en la voluntad al jalar el gatillo. Uno, dos, tres, cuatro disparos en la cabeza y los cerdos seguían chillando.

Cuando las naciones que apoyaban al movimiento de Osmond Kerryann ayudaron a este a salir a su exilio, jamás imaginaron que con bondadoso movimiento de colaboración política marcarían el futuro de la especie humana. Kerryann voló hacia el bloque europeo, causando de manera inmediata la epidemia que más se esparciría por el mundo, la cual culminó con tres cuartos de la población total del planeta.

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