La historia de Milton Gonzáles no es de soledad, es más bien de desapego. La nave había amartizado un 23 de julio del 2034, él era el primer hombre en pisar la superficie de Marte y por lo consiguiente las esperanza de muchos científicos y de la mayoría de los humanos estaban puestas en él, eran las 2:35 cuando la nave abrió la escotilla, la imagen se difundía por el mundo entero, esto si que era el evento mas esperado de la primera mitad del siglo XXI, dicen que ese día el sitio oficial que habían abierto los patrocinadores del viaje por Internet, rompió todo los esquemas de audiencia, provocando ganancia que duplicaron el costo del viaje, haciendo de este todo un éxito financiero. Gonzáles descendió, pero en esta ocasión el hombre no dijo palabras de contexto mítico como las que había dicho el ya celebre y legendario Armstrong al pisar suelo lunar, de pronto la cámara que lo había estado filmando lo perdió de toma, los científicos en la tierra comenzaron a ponerse nerviosos, la gente ordinaria no sabia que pasaba y algunos comunicadores ignorantes de la situación trataban de dar excusas tontas a los espectadores, de pronto Gonzáles fue captado al fondo de la toma, cerca de un barranco marciano, lo ultimo que se vio fue que arrojó algo que hizo perder la señal, según los científicos y el instituto era una falla técnica, horas después el mundo despertó con la noticia de que Gonzáles había fallecido a causa un accidente provocado por un corto circuito en el tanque de reserva. Así pasaría a la historia terrestre el celebre astronauta Milton Gonzáles cross.
En cierta forma Milton si había muerto en Marte, claro esta, si morir es dejar de existir para los demás. Milton tenia inquietudes distintas desde pequeño, cuando su papá lo llevó a México por vez primera a conocer a los abuelos de este, se dio cuenta que la vida en el campo como la que llevaban sus familiares paternos le atraía más, un cierto regreso a los orígenes estallaba en su interior, pero México no era la respuesta para pasar el resto de su vida, así que cuando en la academia le dijeron que el estaría entre los cinco candidatos para ver quien seria el primer hombre en suelo marciano no lo pensó dos veces, él había estudiado lo suficiente sobre aquel planeta, sabia junto con otros científicos, entre ellos el celebre Arnold Vic quien había sido su maestro y mentor que en Marte había en primer lugar cantidades suficientes de oxigeno para mantener la vida como en la atmosfera terrestre, y que en un lugar que ellos llamaban el oasis marciano se encontraban grandes cantidades de vida vegetal, este lugar era desconocido por la mayoría de los estudiosos del tema en la tierra, de echo solo tres lo sabían, Milton, Vic, y el astrónomo Robert Mits. No es de extrañarse que dos días antes del viaje el señor Mits muriera misteriosamente en su casa de campo, Milton lo había hecho, pues sabia que este al enterarse de su desaparición les diría a los científicos en que parte de Marte podría estar, fue macabro, pero era justo lo que menos necesitaban, su ubicación.
El doctor Vic había muerto un año antes, así que este no hablaría, aunque Milton hubiese sido incapaz de hacerle daño de haber continuado este con vida. Llegó Milton a un lugar virgen, donde las plantas eran de un verde diamante atravesado por la luz, un lugar donde corrían dos ríos de aguas azules como el fondo del mar terrestre, donde flotaban algas del tamaño de hombres, lo que hacia parecer como si estas en cualquier momento se fueran a levantar, la sonrisa en la cara del hombre lo decía todo, el alma satisfecha se desbordaba por los ojos humanos del ser.
Era un hombre abandonado por Dios, por el mundo material, por las pretensiones y los convencionalismos, era un hombre nuevo. Se parecía a los campos que vio en su infancia, claro, hermosos por si solos, con esa paz que solo daba el silencio y el ligero ruido que hacen las moléculas al correr por el universo. Milton ahora era un ser unilateral, el cual había brotado de su dualidad de hombre terrestre, la bestia aquella que dormía en él se había fusionado con el ser razonable que pretendía ser desde que nació, por fin el tercer hombre había nacido, y su nuevo mundo estaba frente a él, tal vez no era tan libre si pensamos que estaba limitado por los lugares donde había alimento, pero que mas da si desde ahora era un hombre con un planeta tan solo para él, ¿esto no valía acaso ya tal limitante?, ¿acaso no hay hombres en la tierra que no salen de si mismos a lo largo de su vida?.
Había ocasiones durante noches marcianas en las que Milton se sentaba en un barranco al pie de una montaña para ver como el sol se ocultaba a lo lejos, mirando un punto luminoso que este reflejaba y que según él seria la tierra, no extrañaba, solo suspiraba y gozoso disfrutaba de la fortuna de la que ahora era parte, la galaxia, el universo, tan inmensos en si y llenos de lugares maravillosos pensaba, ¿por que vivir amontonados en un solo lugar cuado hay mas opciones?
Dicen que Milton murió un día por viejo, que su cuerpo quedó tirado entre dos grandes árboles frutales, donde las bacterias marcianas lo desintegraron y convirtieron en polvo parte del todo.
En cierta forma Milton si había muerto en Marte, claro esta, si morir es dejar de existir para los demás. Milton tenia inquietudes distintas desde pequeño, cuando su papá lo llevó a México por vez primera a conocer a los abuelos de este, se dio cuenta que la vida en el campo como la que llevaban sus familiares paternos le atraía más, un cierto regreso a los orígenes estallaba en su interior, pero México no era la respuesta para pasar el resto de su vida, así que cuando en la academia le dijeron que el estaría entre los cinco candidatos para ver quien seria el primer hombre en suelo marciano no lo pensó dos veces, él había estudiado lo suficiente sobre aquel planeta, sabia junto con otros científicos, entre ellos el celebre Arnold Vic quien había sido su maestro y mentor que en Marte había en primer lugar cantidades suficientes de oxigeno para mantener la vida como en la atmosfera terrestre, y que en un lugar que ellos llamaban el oasis marciano se encontraban grandes cantidades de vida vegetal, este lugar era desconocido por la mayoría de los estudiosos del tema en la tierra, de echo solo tres lo sabían, Milton, Vic, y el astrónomo Robert Mits. No es de extrañarse que dos días antes del viaje el señor Mits muriera misteriosamente en su casa de campo, Milton lo había hecho, pues sabia que este al enterarse de su desaparición les diría a los científicos en que parte de Marte podría estar, fue macabro, pero era justo lo que menos necesitaban, su ubicación.
El doctor Vic había muerto un año antes, así que este no hablaría, aunque Milton hubiese sido incapaz de hacerle daño de haber continuado este con vida. Llegó Milton a un lugar virgen, donde las plantas eran de un verde diamante atravesado por la luz, un lugar donde corrían dos ríos de aguas azules como el fondo del mar terrestre, donde flotaban algas del tamaño de hombres, lo que hacia parecer como si estas en cualquier momento se fueran a levantar, la sonrisa en la cara del hombre lo decía todo, el alma satisfecha se desbordaba por los ojos humanos del ser.
Era un hombre abandonado por Dios, por el mundo material, por las pretensiones y los convencionalismos, era un hombre nuevo. Se parecía a los campos que vio en su infancia, claro, hermosos por si solos, con esa paz que solo daba el silencio y el ligero ruido que hacen las moléculas al correr por el universo. Milton ahora era un ser unilateral, el cual había brotado de su dualidad de hombre terrestre, la bestia aquella que dormía en él se había fusionado con el ser razonable que pretendía ser desde que nació, por fin el tercer hombre había nacido, y su nuevo mundo estaba frente a él, tal vez no era tan libre si pensamos que estaba limitado por los lugares donde había alimento, pero que mas da si desde ahora era un hombre con un planeta tan solo para él, ¿esto no valía acaso ya tal limitante?, ¿acaso no hay hombres en la tierra que no salen de si mismos a lo largo de su vida?.
Había ocasiones durante noches marcianas en las que Milton se sentaba en un barranco al pie de una montaña para ver como el sol se ocultaba a lo lejos, mirando un punto luminoso que este reflejaba y que según él seria la tierra, no extrañaba, solo suspiraba y gozoso disfrutaba de la fortuna de la que ahora era parte, la galaxia, el universo, tan inmensos en si y llenos de lugares maravillosos pensaba, ¿por que vivir amontonados en un solo lugar cuado hay mas opciones?
Dicen que Milton murió un día por viejo, que su cuerpo quedó tirado entre dos grandes árboles frutales, donde las bacterias marcianas lo desintegraron y convirtieron en polvo parte del todo.
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